Jul 18

HACHIKŌ, EL VERDADERO PERRO QUE EXISTIÓ Y VA MÁS ALLÁ DE LA LEYENDA.

Hachikō.Muchos hemos oído hablar de Hachikō, el fiel perro que incluso fue llevado a la gran pantalla como símbolo de amor y fidelidad hacia su humano.  Pero quizás no muchos saben que realmente Hachikō existió y no vivió en EEUU ni es contemporáneo nuestro.  El perro más leal conocido vivió a principios de siglo en Japón y su historia es tan increíble como nos han contado.

Hachikō.Hachikō nació en una granja cercana a la ciudad Japonesa de Odate en noviembre de 1923, pero su destino no era permanecer mucho tiempo allí.  Los humanos, orgullosos de sus perros de pura raza akita, emblema de suerte y orgullo japonés, destinaron al perro como presente para Eisaburō Ueno, un estimado profesor del departamento de agricultura en la Universidad de Tokio.Hachikō.

Ueno se negaba a recibir este presente porque la familia acababa de perder a una perrita buena y dulce que los acompañó durante toda su vida y temía volver a pasar el mismo mal trago, pero la hija adolescente del buen profesor insistió tanto, que finalmente no fueron capaces de negarle la compañía del animal.

Hachikō.Cuando Hachikō llegó en una caja enviada en tren tras largas horas de viaje, la familia pensó que había muerto.  El animal aparecía desmayado y deshidratado pero, tras ponerle un cuenco de leche el perro por fin cobró vida.

A pesar de que la hija de Eisaburō era la que más tiempo pasaba con Hachikō y parecía ser su más fiel compañera, el perro ya estaba desarrollando una relación profunda y leal con el que estaba destinado a ser su verdadero amo, el viejo profesor.Hachikō.

Relación que no pudo más que crecer con los años y con la partida de su hija, que se casó y quedó embarazada.

Hachikō.Hachikō se entregó por completo al profesor.  Diariamente lo acompañaba a la estación de tren en la que Ueno partía a su trabajo.  Y cada tarde cuando volvía, allí estaba el perro sentado esperando siempre en el mismo sitio, día tras día.

Hachikō.

Así pasaron años con la misma rutina diaria y la misma pasión que vibraba entre el perro y el hombre, hasta que un día el profesor ya no puedo volver.  Sufrió un paro cardíaco mientras impartía sus clases diarias y su corazón no pudo resistirlo.

Hachikō.

Ajeno a ello y como cada tarde, Hachikō lo esperaba en el mismo sitio frente a la estación del tren.  Reacio a aceptar que su humano no volvería, siguió esperando durante días, meses, años…Hachikō.

Y ya nunca se fue de la estación.  Los trabajadores del tren y los negocios de los alrededores empezaron a cuidar a Hachikō, dándole comida y agua porque el fiel perro, ya no se movió de su posición de espera.  Se dice que pasaron más de 9 años en los que Hachikō continuó en la estación esperando a su amado profesor.Hachikō.

Aunque nos gusta pensar que tras su muerte en marzo de 1935, Hachikō por fín se unió a su querido amigo Eisaburō, en cierto modo sigue esperándolo.  Una estatua de bronce del cariñoso y fiel perro se ubicó en el lugar en el que durante tantos años, Hachikō esperó paciente que su querido amo volviera para acompañarlo a casa como cada tarde.

Los restos de Hachikō fueron enterrados junto a su gran compañero, en el Cementerio de Aoyama, Minato.Hachikō.

Cada año se celebra la devoción de este increíble perro en una ceremonia de homenaje en la estación de trenes en donde cientos de amantes de los animales honran la memoria de Hachikō, prueba de que la fidelidad, lealtad y amor nos une para siempre.

 

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Fuente: batanga.com / Jesús Estudillo.

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